Las Provincias

El olor de la lluvia

Antonio Rivera - 20 Ene 2012 - 16:09

La naturaleza nos regala sensaciones agradables que estimulan nuestros sentidos. Así como un bello paisaje o un cielo azul con algodonosas nubes blancas estimulan nuestra vista; el sonido de una cascada, el piar de los pájaros o el rumor de las olas en la playa nuestro oído; el olor de la lluvia estimula nuestro olfato produciéndonos una sensación agradable de paz y tranquilidad.

Pero, ¿a qué hule la lluvia?, ¿qué es exactamente lo que produce ese olor tan agradable que olemos cuando llueve?. Pues no lo sabemos...o almenos no estamos seguros de ello. Empecemos dejando una cosa clara: cuando olemos la lluvia no estamos estrictamente hablando oliendo la lluvia sino las sustancias aromáticas que se liberan al caer esta sobre un sustrato apropiado: olemos las fragancias del suelo y tierra que pasan al aire gracias al líquido elemento. Aunque se han realizado muchos estudios y experimentos para intentar encontrar al culpable de tal olor, hasta ahora sólo podemos contentarnos con una serie de hipótesis que intentan explicar su procedencia. Veamos alguna de estas hipótesis:

Primera hipótesis: los rayos.

Los rayos son descargas eléctricas que atraviesan la atmósfera para igualar la diferencia de potencial existente entre dos puntos. Van asociados a las tormentas, ya que en las nubes tormentosas las cargas eléctricas se distribuyen de tal forma que crean zonas cargadas eléctricamente. Los rayos, al atravesar la atmósfera calientan súbitamente el aire que atraviesan produciendo dos fenómenos destacables: por un lado el fuerte calentamiento a que es sometido el aire hace que este se expanda rápidamente, creando una onda sonora que es lo que conocemos como trueno. Por otra parte, el fuerte aumento de tempertura que se produce afecta a la propia estructura química del aire, produciéndose reacciones químicas que crean nuevos compuestos. Así, por ejemplo, el olor dulzón que olemos tras un rayo es debido al ozono que se produce por este calentamiento. Si a todo esto unimos los descensos de masas de aire que se producen en las tormentas, trayendo hacia el suelo aire puro desde las capas altas de la atmósfera, explicaría esa mezcla de fragancias tan característica de la lluvia.

A favor de esta hipótesis está el hecho de que no siempre que llueve notamos ese olor característico de la lluvia, y que es tras un periodo largo de sequía y con lluvias tormentosas cuando más notamos ese olor. Aún así, en muchas ocasiones, notamos esas frangancias agradables sin existir actividad tormentosa, lo que ha dejado de lado esta hipótesis.

Segunda hipótesis: bacterias y plantas.

Según esta hipótesis, el olor de la lluvia estaría producido por las plantas y bacterias del suelo. En concreto, parece que tiene una especial importancia la bacteria actinomycetes, una bacteria de tipo filamentoso que crece en el suelo en condiciones muy secas y cálidas. Su reproducción, basada en esporas, se ve favorecida cuando la humedad del suelo se incrementa por los efectos de las lluvias y después de un periodo de sequedad. Las esporas olorosas son liberadas y nuestro sentido del olfato las percibe. La prueba que parece respaldar esta hipótesis es que se han desarrollado bacterias de este tipo en el laboratorio y el olor que generan es del tipo de fragancia que olemos en los días de lluvia. Por otra parte, existen muchas plantas que aprovechan las condiciones ambientales idóneas para liberar semillas y olores propios que pueden también explicar el olor de la lluvia.

Tercera hipótesis: el suelo.

A finales de los años cincuenta dos investigadores australianos (Bear y Thomas) fueron más allá, atribuyendo los aromas y frescores de las primeras lluvias de la estación cálida a ciertos aceites amarillentos atrapados en las rocas y en el suelo, que eran liberados por la precipitación o por los altos contenidos de humedad en el ambiente que presagiaban la llegada de la lluvia. Estos investigadores llamaron petrichor a esta "esencia de roca".

En resumidas cuentas, el petrichor es un componente químico que forma parte del suelo, rocas, etc.,  y que se libera de estas sustancias materiales por la lluvia o humedades altas cuando los materiales son expuestos a condiciones de sequedad y temperaturas muy cálidas en un periodo relativamente largo. La presencia de alto contenido de humedad (por la inminente llegada de las lluvias) tiende a liberar las fragancias que dan ese olor y frescor tan característico al aire que precede a una lluvia primaveral.

Como ven no existe todavía una teoría que explique ese olor tan característico que acompaña a la lluvia, y quizás no sea una única causa la que lo produzca, sino que sea la suma de muchos factores los que nos traigan esa fragancia natural tan agradable. Aún así, sea por causa de los rayos, de bacterias que habitan en el suelo, de plantas o del petrichor, lo que sí es cierto es que nosotros, los seres humanos, seguiremos disfrtando de la lluvia y de su olor, sin duda, un regalo de la naturaleza para nuestros sentidos.

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