Las Provincias

El mar Mediterráneo, una bomba de relojería, que siempre acaba por explotar

Antonio Rivera - 20 Ene 2012 - 16:13

Nuestro mar Mediterráneo, a cuyas orillas nació buena parte de la cultura occidental, es un mar ciertamente curioso. Un mar prácticamente cerrado, tan solo abierto al Atlántico a través de los 14 Km del estrecho de Gibraltar; relativamente grande, con una extensión de 2.510.000 km2, lo que representa el 1% de la superficie oceánica de nuestro planeta; y con una gran profundidad, con una media de 1370 metros y una profundidad máxima de 5210 en la fosa Matapan, en Grecia.

Su situación en el globo, alrededor del paralelo 40 tiene como consecuencia que sus aguas se calienten de forma importante durante el verano, algo que se ve favorecido de forma trascendente por su aislamiento casi total, lo que evita la entrada de aguas más frías procedentes de altas latitudes.

Esta característica es muy importante a la hora de catalogar la influencia que tiene este mar sobre el clima de las zonas limítrofes, hasta el punto que esta característica tan peculiar hace que dicho clima reciba un nombre especial, el clima Mediterráneo. Un clima marcado a grandes rasgos por la sequía estival, los veranos largos y cálidos y los inviernos muy suaves.

Pero claro, esa acumulación de energía que el mar recibe durante los largos meses estivales tiene como primera consecuencia el que sus aguas lleguen a alcanzar valores de temperatura prácticamente tropicales, superando incluso los 30ºC en algunos puntos. Dicha acumulación de energía acaba tarde o temprano pasando a la atmósfera, alimentando de esta forma los fuertes aguaceros otoñales característicos de las tierras que baña. A poco que la atmósfera acompañe, con la presencia de las primeras masas frescas procedentes de altas latitudes, se pone en marcha un proceso convectivo capaz de dejar grandes cantidades de precipitación en pocas horas, con intensidades sólo superadas por los grandes huracanes y los monzones.

Dependiendo de la disposición de las piezas atmosféricas (anticiclones y borrascas) estos aguaceros afectan a unas zonas u otras, pero no fallan a su cita anual. Allí donde en los meses otoñales se forme un flujo de aire relativamente fresco capaz de recargarse de humedad al recorrer las cálidas aguas mediterráneas, se pueden producir verdaderos diluvios, a poco que las condiciones atmosféricas en altura acompañen. Mucho saben de esto los habitantes de las regiones mediterráneas españolas, plagadas a lo largo de la historia de episodios pluviométricos de este tipo.

En esta ocasión nos llama la atención lo que ha pasado durante el día de hoy en Génova, donde según algunas estaciones meteorológicas se han llegado a recoger la friolera de 546 l/m2 en apenas 12 horas. Un verdadero diluvio que ha traído hasta el momento la dramática cifra de 7 muertos, entre ellos dos niños, tras desbordarse Bisagno y Sturla.

Una situación dramática que puede incluso complicarse en las próximas horas, debido a que se espera que se puedan volver a producir grandes precipitaciones en esta zona del NW de Italia así como en el SE francés. La posición de la borrasca frente a las costas catalanas favorece la llegada a esas zonas de vientos marítimos cargados de humedad y muy inestables.

En definitiva una muestra más de cómo nuestro querido mar Mediterráneo es una bomba de relojería en estos meses, una bomba que tarde o temprano acaba por explotar en algún sitio....

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