Las Provincias

¿Por qué el cielo es azul?

Antonio Rivera - 1 Jul 2014 - 00:51

Seguro que se han hecho esta pregunta alguna vez y, a pesar de su aparente trivialidad, no se asusten si no conocen la respuesta, máxime cuando genios de la historia de la humanidad como Leonardo da Vinci o Isaac Newton, a pesar de intentarlo durante muchos años no fueron capaces de encontrar la respuesta. Ya ven, a veces, una pregunta que a priori parece fácil de resolver, nos trae de cabeza durante siglos, y hubo que esperar hasta que los estudios sobre la luz y sobre la interacción de ésta cuando atraviesa la atmósfera se desarrollaran para que fueramos capaces de encontrar la respuesta a este dilema.

El sol, debido a las reacciones nucleares que se producen en su seno, emite energía en forma de radiaciones electromagnéticas. Dichas radiaciones están compuestas por ondas, aunque no todas las ondas que componen el espectro solar tienen la misma longitud ni la misma energía. Así, dentro de todas las ondas que nos llegan del Sol, tenemos desde ultravioletas hasta infrarrojos. Nuestro ojo sólo es capaz de ver una pequeña franja dentro de todo ese espectro, concretamente aquellas ondas comprendidas entre los 400 nm y los 700 nm. (un nanómetro es la milmillonésima parte de un metro). A esta región dentro del espectro electromagnético se le denomina espectro visible, y realmente se corresponde con la luz que podemos ver.  Dicha luz blanca está formada por la mezcla de los siete colores del arco iris, y cada uno de ellos tiene su correspondiente longitud de onda, siendo las de mayor longitud las correspondientes al color rojo y las de menor a los violetas y azules. Pues bien, al atravesar la atmósfera, la luz del Sol choca con las moléculas de aire, además de con las gotas de agua suspendidas y el polvo en suspensión presente en ella, y se dispersa, desviándose de esta forma de su trayectoria. Dicha dispersión dependerá de la longitud de onda en cuestión de cada color. En concreto, las ondas con longitudes más cortas son las que más se dispersan y las más largas las que menos. Por tanto el violeta y el azul son los colores que nos llegan más dispersados, o sea más desviados, al atravesar la atmósfera, mientras que el rojo y naranja apenas cambian su trayectoria. A este efecto se conoce como la dispersión de Rayleigh, y a fin de cuentas es el responsable de que veamos el cielo azul, ya que fruto de las múltiples dispersiones con las diferentes moléculas y partículas de la atmósfera, al final lo que llega a nuestros ojos es luz azul procedente de infinidad de puntos que hacen que veamos el cielo bajo esta única tonalidad.

Por cierto, aunque el color violeta tiene una longitud de onda más corta que el azul, y por tanto deberíamos de ver el cielo de color violeta, el cielo se ve azul por dos motivos: la luz solar cuenta con más cantidad de ondas azules que violetas y nuestros ojos son más sensibles al color azul. Por tanto, vemos el cielo azul por que las moléculas de aire, debido a su tamaño, dispersan mejor las ondas de longitud de onda menor. Y esas ondas al ser dispersadas nos llegan a la superficie como si vinieran de todas las partes de la bóveda celeste. Todo esto unido a una pequeña imperfección de nuestra vista, la cual es mucho más sensible ante el color azul que al violeta. Ya ven, el cielo no es azul, sino violeta, pero nuestros ojos lo ven de color azul.

Por cierto, los tonos rojizos propios de atardeceres y amaneceres se deben a que en esos momentos, la luz del Sol debe atravesar una capa de atósfera mayor hasta llegar a nosotros, y en ese largo camino, la luz solar ha perdido gran parte de su azul, dejando que mayormente el componente rojo de la luz solar viaje hasta nuestros ojos.

Buscar