Las Provincias

La riada de Valencia del 14 de octubre de 1957.

Antonio Rivera - 14 Oct 2014 - 10:14

Hay fechas que quedan grabadas en la memoria de la gente para siempre....y la de hoy, 14 de octubre, es una de ellas para muchos valencianos. Nos tenemos, eso sí, que remontar hacia atrás en el tiempo, en concreto 53 años, hasta 1957. Aquél día, el Turia se desbordó en dos ocasiones a su paso por la ciudad de Valencia, dejando tras de sí cuantiosas pérdidas materiales y humanas.

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No era ni mucho menos la primera vez que nuestro río se desbordaba. Según podemos ver en las crónicas antiguas, existen riadas documentadas desde el siglo XIV: en 1321, 1328, 1340, 1358, 1406, 1427, 1475, 1517, 1540, 1581, 1589, 1590, 1610, 1651, 1672, 1731, 1776, 1783, 1845, 1860, 1864, 1870, 1897 y finalmente la de 1957. Y según un estudio realizado por el periodista Vicente Aupí, hay constatadas al menos 75 riadas o avenidas en los últimos siete siglos Pero la riada que sufrió la ciudad de Valencia en el mes de Octubre de 1957 es considerada por muchos valencianos como “la riada” a secas y con mayúsculas, a pesar de que a lo largo de la historia, el Turia, a su paso por la capital levantina, ha superado sus límites naturales en diferentes ocasiones dejando a su paso daños tanto materiales como humanos. El por qué de esa importancia del episodio del 57 radica por un lado en el alcance que tuvo la noticia a nivel nacional gracias a la gran difusión que iban comenzando a tener los medios de comunicación escritos, y por otro lado, porque la riada del 57 cambió para siempre la ciudad de Valencia, al ejecutarse en los años posteriores el denominado “plan sur”, que desvió el río por fuera de la ciudad.

Aunque carecemos de las herramientas necesarias para analizar completamente la situación meteorológica de aquellos días (no tenemos imágenes de satélite, ni radares...), lo que sí es cierto es que llovió mucho, y sobre todo en este caso fue de vital importancia “donde llovió”. Para empezar las mayores cantidades de precipitación no se registraron en la capital, sino aguas arriba del Turia, en la comarca del Camp del Turia, en el interior. Este hecho pone de manifiesto un detalle importante, común a la mayoría de granes episodios catastróficos. Al igual que sucediera años después en el episodio de la “pantaná” del año 1982, cuando se concentran las lluvias en el interior, las cuencas de los grandes ríos van recogiendo tal cantidad de agua de multitud de afluentes, barrancos y ramblas, que los daños causados cerca de la desembocadura superan con creces los producidos por las propias lluvias. Realmente el episodio de lluvias habría que dividirlo en dos, ya que fueron diferentes las zonas más afectadas cada uno de los dos días. Cuando la 1ª riada llegó sobre la capital en la noche entre el 13 y el 14 apenas habían caído unas gotas sobre la misma, lo que contribuyó a pillar desprevenidos a muchos valencianos. De echo, entre las 7 de la mañana del día 13 y las 7 de la mañana del 14, se recogieron en la capital 2.8l/m2, mientras que aguas arriba del Turia, no dejó de diluviar durante todo el día. En puntos como Villar del Arzobispo la lluvia alcanzó índices importantes, con 235l/m2. En Chelva se alcanzaron los 217l/m2 y en Casinos se “anotaron” 200 l/m2. Más arriba todavía, ese día 13 de octubre de 1957 se recogieron en Ademúz 110 l/m2, superándose por primera vez el registro de los 100 litros en un día en esta localidad. En definitiva, se aprecia un área de precipitación superior a los 200 l/m2, que abarca la cuenca media del Turia y las altas del Palencia y del Mijares, rodeada de otra más extensa que comprende también la cuenca del magro, con precipitaciones superiores a los 100 l/m2. A mediodía del día 14, y coincidiendo con la llegada de la 2ª onda de la riada a la ciudad de Valencia es cuando comenzó a llover de forma torrencial sobre la ciudad, recogiéndose a lo largo del día 125.1 l/m2, 90 de ellos en apenas 40 minutos. Pero de nuevo, las mayores precipitaciones se registraron en el interior, en la Sierra Calderona en esta ocasión, entre las ramblas de la Escarihuela y la Castellarda. De hecho, el punto donde más agua se recogió fue en Altura, en Castellón, donde se ha estimado que se superaron los 500 l/m2 ese día (la anotación oficial se quedó en 200 l/m2). También hay un dato estimado, que no medido que nos da idea de la magnitud del episodio y es el de 140 l/m2en una hora en Bejís. No le van a la zaga otros registros históricos de aquel día como son los 300 l/m2  en Domeño, los 225 l/m2en Lliria (al día siguiente hay anotados 221 más, a pesar que en sitios próximos apenas llovió lo cual hace dudar de los datos y es posible que pertenezcan a un solo día) 169.4 l/m2en Vinaroz, 211 l/m2en Picassent, 150 l/m2en Benaguacil, etc. Es también importante tener en cuenta que la zona donde mayores precipitaciones se dieron es una zona montañosa con pocas estaciones meteorológicas, lo que nos da entender que las cantidades en algunos puntos debieron ser impresionantes. Ante semejante aportación de los afluentes del Turia, y dado el ritmo vertiginoso en que se produjo, el cauce del río madre no pudo resistir el alubión y quedó desbordado por la situación.  Aunque el Turia fue recogiendo cantidades de agua importantes a lo largo de todo su cauce, fue cuando recibió las aguas embravecidas de las ramblas Escarihuela y Castellarda cuando cogió un caudal impresionante. Estas dos ramblas, que son asesinas natas en la historia de las inundaciones del Turia, siempre secas, extienden su cuenca hondamente en la sierra Calderona, hasta adentrarse incluso en la provincia de Castellón. Según los datos de aforo de la Confederación Hidrográfica del Júcar, a la 1 de la madrugada del Lunes día 14 de Octubre el caudal del río Turia a su paso por la ciudad de Valencia era de 165m3/seg. A las 3 de la madrugada del lunes día 14, en el momento culminante de la 1ª riada era de 2700m3/seg. y 12 horas más tarde, en el ápice de la 2ª riada 3700m3/seg. Hay estudios que dudan de estas cifras y propone cifras mayores, basándose en que esa cifra de los 3.700 m3/seg. supone el máximo caudal que era capaz de llevar el viejo cauce del río a su paso por la capital. Resulta evidente, que el caudal debió de ser mayor ya que el río se desbordó de forma considerable en la ciudad. Según los últimos datos calculados por la Confederación Hidrográfica del Júcar, la segunda riada, debió de llevar a su paso por la capital entre 4.200 y 4.400 m3/seg. Incluso hay estudios que hablan de puntas de 6.000 m3/seg.

Entre las muchas cosas que llamaron la atención de la riada, destaca por un lado la constatación de que Valencia fue fundada por los romanos en una isla que quedaba en medio de dos ramales del río. Así, la Plaza de la Virgen no se mojó y la calle del Micalet y la Plaza de la Reina quedaron secas. El Palacio Arzobispal estaba sin inundación, como la subida del Palau. La Valencia romana quedó intacta: la colina primera de la ciudad demostró que los fundadores eran sin duda gente muy inteligente que sabía donde tenía que situarse. En cambio, el antiguo ramal del río, que trascurría frente a la lonja, pasa por la Plaza del Ayuntamiento y la calle de las Barcas hasta llegar a la ciudadela volvió a ser río. Este antiguo ramal era el que abrazaba por el Sur la isla original sobre la que se fundó la ciudad de Valencia. Por otra parte, los puentes antiguos fueron los que quedaron en pie, mientras que los de más moderna construcción fueron arrasados por la riada. Todos los valencianos aprendieron aquél día que los puentes que resistieron sin inmutarse las dos grandes avenidas del Turia fueron los cinco clásicos: San José, Serranos, Trinidad, del Real y del Mar. Todos los demás puentes, sufrieron notables deterioros. Los puentes clásicos, los góticos, se comportaban de maravilla; el agua circulaba sin problemas aunque llevara residuos o troncos. Los "antiguos", sabían construir de maravilla, sin duda. La riada de Valencia dejó como decimos miles de millones en pérdidas tras de sí, 81 muertos (al menos), y la sensación colectiva de que esto no podía volver a pasar. Como solución, en los años posteriores se construyó el Plan Sur, que desvió definitivamente el Turia por el sur de la ciudad. Una solución aún incompleta (falta la famosa presa de Villamarchante) y que esperemos que responda cuando se vuelva a dar una situación como aquella. Algo difícil, pero que seguro que un día, quizás no muy lejano, se vuelve a dar.

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