Las Provincias

El grito

Antonio Rivera - 5 Mayo 2012 - 02:36

 Hace tan solo unos días, concretamente el pasado 2 de mayo, el cuadro de Edvard Munch "El grito" batió todos los records al convertirse en la obra más cara vendida en una subasta. Concretamente 119,9 millones de dólares, 91 millones de euros, pagó por él un coleccionista anónimo.

El cuadro, una de las obras cumbres del expresionismo, se ha convertido en icono cultural, y más allá de las posibles interpretaciones que puede llegar a tener, hay detrás de él un aspecto relacionado con la climatología. En concreto es muy posible que detrás del cuadro se encuentre un volcán situado a miles de kilómetros de la ciudad representada, el Oslo natal del autor. 

En el año 1883, el volcán Krakatoa, situado en una isla del estrecho de Sonda, entre Java y Sumatra, estalló literalmente expulsando a la atmósfera toneladas y toneladas de gases y cenizas. Es bien conocido que cuando estas erupciones son suficientemente potentes como para alcanzar la estratosfera, las partículas y gases expulsados se mantienen durante un largo periodo de tiempo en la atmósfera, creando sobre la Tierra una película que impide la llegada de parte de las radiaciones solares, lo que acaba provocando un descenso en las temperaturas que llega a afectar a toda la Tierra. En concreto, durante los años posteriores a la erupción del Krakatoa, las temperaturas globales descendieron entre 1,2 y 1,5ºC, y se estima que la atmósfera no quedó limpia hasta dos años después de la erupción.

Otra de las consecuencias de estas erupciones es que la gran cantidad de partículas presentes en la alta atmósfera, crea al interaccionar con los rayos solares, unos cielos rojizos y ocres muy llamativos. Quizás esa es la causa de ese cielo pintado por Munch en el cuadro, ese, citando palabras del autor, "repentino crepúsculo de sangre" que le llenó de una "angustia infinita". No sería la primera vez que en el arte aparecen estos cielos consecuencia de una gran erupción volcánica. De hecho, muchos cuadros de William Turner están impregnados de estos cielos rojizos y ocres que tan famoso le hicieron, aunque en este caso el volcán en cuestión fue el Tambora, que explotó en 1815 dejando entre otras consecuencias el famoso "año sin verano" de 1816.

Hay quién incluso afirma, quizás rizando un poco el rizo, que el personaje principal aparece tapándose los oídos como si no pudiera soportar un ruido atronador, como del que hablaban las crónicas que llegaban a Europa en relación con la erupción del volcán que pudo oirse a muchas millas a la redonda.

Quizás nunca sepamos lo que verdaderamente quiso expresar con esta obra el autor, pero lo que sí que parece bastante coherente es que detrás de ese cielo rojizo y amenazante, es muy probable que se encuentre el volcán Krakatoa.

Por último no quería pasar la oportunidad de recomendarles encarecidamente una sección de la magnífica web de José Miguel Viñas en la que se comentan multitud de cuadros analizando los cielos y fenómenos meteorológicos que en ellos aparecen. Una forma curiosa de aprender meteorología a través de la pintura en esta pinacoteca meteorológica.

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