Las Provincias

El CO2, el gas de la vida

Antonio Rivera - 20 Ene 2012 - 16:07

¿Cuántas veces han oído que el CO2 es el responsable del cámbio climático? ¿Cuántas que es poco menos que la causa de nuestros males y se le presenta como un gas venenoso y cruel que puede hacer que los humanos desaparezcamos de nuestro planeta e incluso que el propio planeta llegue a su fín? Seguro que muchas veces...

No me parece justo convertir en culpable a un simple gas como el CO2, cuando si hay algún responsable no es nadie más que nosotros. Aún así, creo que existe mucha desinformación acerca del CO2, el que así, a bote pronto, podemos calificar ni más ni menos como el gas de la vida.

Los seres vivos necesitamos carbono. Es sin duda uno de los elementos imprescindibles para la vida. Su estructura química especial le permite formar largas cadenas complejas de compuestos, que a fin de cuentas son los que intervienen en los procesos de la vida. De esta forma, las vitaminas, el ADN, las grasas, las proteínas, los azúcares, etc.. no son más que largas cadenas de carbonos.

El hecho de que exista una molécula como el CO2, que aparece tanto en la atmósfera como disuelta en el agua, es fundamental para que la vida se desarrolle, ya que constituye una fuente de carbono a la que los seres vivos recurren para formar sus estructuras y realizar sus procesos vitales. Piensen por ejemplo en la fotosíntesis, ese complejo proceso mediante el que algunos seres vivos son capaces de a partir del CO2 y del agua, en presencia de luz, obtener moléculas orgánicas (azúcares principalmente), además de un gas tóxico y fuertemente oxidante: el oxígeno. Bien es cierto que la evolución ha hecho que muchos seres vivos seamos capaces de convivir con el oxígeno, pero en el origen, al principio, no era ni mucho menos un gas importante; es más, era un gas altamente venenoso para la vida. Por tanto, lo que se consigue con la fotosíntesis no es ni más ni menos que captar el carbono del CO2 y trasformarlo en las moléculas orgánicas vitales.

Durante la historia de nuestro planeta han habido épocas en las que las concentraciones de CO2 en la atmósfera eran muy superiores a las actuales, épocas por cierto que coinciden con un planeta rebosante de vida. El CO2 es, sin duda, un gran fertilizante para las plantas y vegetales... Y no es mucho menos tóxico, salvo que lo respiremos a concentraciones muy elevadas. No hay que confundirlo con el CO (monóxido de carbono), el cual sí que es un gas altamente tóxico, como ponen de manifiesto todo los años noticias acerca de muertes por inhalación de dicho gas en braseros o calderas con malas combustiones.

No acaban aquí las bondades de nuestro protagonista de hoy, ya que, como habrán oído en infinidad de ocasiones, el CO2 es un gas de efecto invernadero. No el más importante, como a veces se comenta, ya que su contribución al calentamiento está muy lejos de la del vapor de agua. Si no existiera el efecto invernadero no estaríamos aquí, ya que es gracias a la retención de la radiación solar que intenta escapar de nuestro planeta y que es captada por estos gases y devuelta a la Tierra, que las temperaturas de nuestro planeta son 33ºC superiores a las que tendría sin dicho efecto invernadero natural. Es difícil que en un planeta con una temperatura media de -18ºC, con todos los mares y océanos congelados pudiera haber aparecido la vida...

Otra cosa bien distinta es el aumento en las concentraciones que estamos provocando los humanos con la quema de combustibles fósiles, que puede aumentar la cantidad de calor retenido por el efecto invernadero y hacer que las temperaturas de nuestro planeta asciendan. Pero claro, eso no es, ni mucho menos, un problema del CO2, sino que es una consecuencia de nuestras malas prácticas. Dejemos ya de catalogar al CO2 como el malo de la película...

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