Las Provincias

¿Por qué se cambia la hora?

Antonio Rivera - 23 Oct 2014 - 02:12

Cada último fin de semana de octubre, coincidiendo con la madrugada del sábado al domingo a las 3.00h, entra en vigor lo que se conoce como horario de invierno. Recuperamos de esta forma lo que se considera la hora oficial de España, aquella que nos corresponde por nuestra posición en el globo terráqueo, y que consiste en ir 1h por delante del Tiempo Universal del meridiano 0º (GMT), el meridiano de Greenwich, y que abandonamos a finales de marzo al adoptar el horario de verano, con 2h por delante del GMT. Por tanto recuerden que la madrugada del próximo sábado al domingo deberán atrasar su relojes una hora: A las 3.00h serán las 2.00h.

Y siempre que llega el cambio de hora surgen dos preguntas al respecto: ¿Por qué cambiamos la hora? y, ¿afecta dicho cambio a nuestra salud?

Empezando por la primera pregunta detrás del cambio de hora se encuentra el ahorro energético. Según datos del Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía, IDAE, dicho ahorro puede llegar hasta el 5%, unos 300 millones de €, cifra sin duda significativa en un país como el nuestro con tanta dependencia energética del exterior. Bien es cierto que dicho ahorro es más importante con el cambio de hora de marzo, y ahora es más una vuelta a nuestro horario normal. Esto no quiere decir que este cambio no haga que también ahorremos energía, ya que si continuáramos con el horario de verano dentro de poco no se haría de día hasta pasadas las 9.00 de la mañana, una hora en la que la mayoría de centros de trabajo e industrias ya están abiertos (evidentemente con el perjuicio de que se haga más pronto de noche, no se puede tener todo...). Lo que se busca a fin de cuentas es hacer coincidir lo máximo posible las horas de luz solar con el horario laboral, para lograr de esta forma un mayor ahorro energético, y de paso, y no menos importante, reducir las emisiones de gases contaminantes.

Las primeras referencias acerca del cambio horario las encontramos en el S-XVIII, concretamente en 1784, cuando el científico estadounidense Benjamín Franklin en base a la idea del aprovechamiento diurno de luz natural planteó adelantar los relojes una hora durante el verano, a fin de aprovechar mejor la iluminación natural y así consumir un menor número de velas para alumbrarse durante la noche. No obstante no llegó a ponerse en práctica. Más tarde, en 1905 el constructor inglés William Willett concibió el horario de verano durante un paseo a caballo previo al desayuno, cuando se sorprendió pensando cuántos londinenses dormían durante la mejor parte de un día de verano. A raíz de la 1ª guerra mundial y con el propósito de ahorrar combustible, el kaiser Guillermo II de Alemania decretó el inicio del cambio de hora el 30 de abril de 1916, que también se aplicó a sus aliados y las zonas ocupadas, siendo los primeros países europeos en emplear el horario de verano. Varios países beligerantes y neutrales de Europa les siguieron. Estados Unidos al igual que España no lo hicieron hasta 1918. Durante muchos años no existió una regulación conjunta acerca del cambio horario, y cada país fue adoptándolo o no de acuerdo a sus intereses. Así, por ejemplo en España no se produjo dicho cambio horario entre los años 1950 y 1973.

Fue una nueva crisis energética la que hizo que esta medida que tiene como principal objetivo el ahorro energético saltara de nuevo a la palestra. En 1973 los países miembros de la OPEP impusieron un embargo petrolero de importantes consecuencias económicas, por lo que las naciones industrializadas comprendieron la urgencia de impulsar medidas del cuidado de la energía, que al mismo tiempo permitieran reducir la fuerte dependencia que actualmente se tiene de los combustibles fósiles, tales como el petróleo y el gas. De esta forma, a partir de 1974 comenzó a generalizarse el cambio de hora. Bien es cierto que no todos los países del mundo adoptan este horario, e incluso no en todos los que lo adoptan entra en vigor en la misma fecha (EEUU por ejemplo no vuelve al horario de invierno hasta el primer fin de semana de noviembre)

Y, ¿afecta este cambio de hora a nuestra salud? Según los expertos los efectos sobre nuestro cuerpo son escasos, y no suelen ir más allá de sentirnos más cansados e incluso irritados durante tres o cuatro días, mientras los ritmos circadianos, ciclos de alrededor de 24 horas en los que los órganos cumplen sus funciones, se reajustan. Podríamos decir que el cambio de hora afecta a nuestro organismo de manera parecida al jet lag, eso sí de una sola hora. En el cambio de hora de marzo es como si viajáramos hacia el este al perder una hora, mientras que en el de octubre es como si lo hiciéramos hacia el oeste al ganar una hora. Si alguna vez han realizado un viaje largo en avión sabrán que es más difícil aclimatarse tras un viaje hacia el este, o sea a la pérdida de horas, con lo que el cambio de hora de primavera nos afecta más en este sentido que el de otoño.

En resumidas cuentas, no olviden atrasar sus relojes en la madrugada del sábado al domingo, y mírenlo por el lado positivo: este fin de semana, tendrán una hora más para disfrutarlo...el que no se consuela es porque no quiere.

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