Las Provincias

El terremoto de Lorca

Antonio Rivera - 20 Ene 2012 - 16:12

Ha sido sin duda la noticia del día. Cuando los relojes marcaba exactamente las 18.47 horas, la Tierra temblaba bajo los cimientos de esta ciudad murciana, dejando tras de sí graves desperfectos en muchas de sus construcciones y, lo que es peor, una cifra de 8 muertos que podría aumentar en las próximas horas.

No era la primera vez que la Tierra temblaba en Lorca durante la jornada. Unas horas antes, a las 17.05, ya lo había hecho con una intensidad nada despreciable de 4.5 en la escala Richter. Pero el temblor fuerte, el que ha provocado los daños, llegaba como decía a las 18.47 horas, disparando los sismógrafos hasta los 5.1.

Los terremotos son debidos a la propia actividad interna de la Tierra, cuya corteza flota sobre un manto viscoso. Esta corteza está formada por placas, que son como piezas de puzzle independientes que chocan unas con otras. Hay lugares, precisamente donde estas placas se unen, en los que el propio rozamiento entre ellas va acumulando energía poco a poco. Algo así como cuando nos frotamos las manos y se produce energía en forma de calor por esa fricción entre ellas. Pues bien, esa energía que se va acumulando en el interior de la Tierra por ese choque entre distintas placas llega un momento que se libera, y lo hace en forma de ondas que se trasladan a la superficie provocando el temblor.

El sureste español es sin duda la zona con mayor actividad sísmica de la Península. Las provincias de Granada, Almería, Murcia y sur de Alicante se

encuentran dentro de la zona de más riesgo del mapa sísmico español. Concretamente, en Murcia, la actividad sísmica se debe a la  interacción de las microplacas de Alborán e Ibérica con la placa Africana. Una de esas microplacas, la placa de Alhama, parece que es la que está detrás de esta catástrofe.

Si bien un terremoto de magnitud 5.1 en la escala Richter ya es capaz de provocar daños, en este caso lo verdaderamente importante y determinante ha sido la poco profundidad a la que se ha producido, lo que ha hecho que su intensidad fuera importante. Y es que, a pesar de que los conceptos de magnitud e intensidad se confunden a la hora de hablar de los terremotos, son dos términos que no se refieren a lo mismo.

La magnitud es la medida del tamaño del terremoto, y sirve como indicador de la energía que ha liberado. Se usa para medirla la famosa escala Richter, que no se trata de una escala lineal, sino logarítmica, de modo que la energía liberada por un terremoto de una determinada magnitud equivale, aproximadamente, a la energía liberada por 30 terremotos de la magnitud anterior; así un terremoto de magnitud 5 equivale, aproximadamente, a 30 terremotos de magnitud 4 juntos.

Por otra parte, la intensidad, es una medida basada en los efectos que produce un terremoto, o sea en los destrozos que provoca, siendo en este caso muy importante la distancia al foco o hipocentro del terremoto. Por tanto, en el caso de Lorca, si importantes han sido esa magnitud de 5.1; no menos lo ha sido la poco profundidad a la que se ha producido. Esto explica que si bien este seísmo no ha sido el más importante en cuanto a magnitud de la escala Richter de los últimos años (según el Instituto Geográfico Nacional tenemos registrados diez seísmos de magnitudes comprendidas entre los 6,4 y 7 grados en la escala de Richter, y el más importante fue el que se produjo cerca del Cabo San Vicente, en 1755, con una magnitud estimada de 8.5 y que dejó más de 15.000 muertos), su intensidad lo ha colocado en el que más muertes ha provocado desde las 19 que se produjeron en 1969 en la zona de Huelva.

No quería terminar este comentario sin hacer dos reflexiones acerca de como se ha tratado la noticia desde algunos medios. Por un lado, cuando se producen situaciones como estas, los reporteros deben comentar lo que ven, explicar la situación y servir de nudo de enlace entre el lugar de la tragedia y el resto de país, pero no deben en ningún momento comentar barbaridades sin contrastar como que se iba a producir una réplica a las 20 horas, creando un estado de alarma entre una población ya de por sí asustada.

Por otra parte no puedo resistirme en comentar la diferencia en el tratamiento de las imágenes entre este suceso y el gran terremoto y tsunami que sufrió Japón hace ahora dos meses: mientras que en nuestro país se instala el morbo de mostrar los cadáveres, en el caso de Japón no se vio ninguno de los 20.000 muertos, mostrando un claro respeto hacia ellos como hacia sus familias. Es otra cultura, sí; pero creo que la ética debería de ser la misma, ¿no creen?

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