Llega la primavera, y con ella las alergias

Antonio Rivera - 20 Ene 2012 - 16:11

La llegada de la primavera supone, entre otras cosas, el aumento progresivo de las temperaturas. Con ellas, el mundo vegetal vuelve a la máxima actividad tras el largo letargo invernal. Una de las consecuencias más importantes de esto último, a parte claro está del cambio paisajístico que ello supone, es la mayor incidencia de las alergias.

Utilizando una definición formal, podemos decir que la alergia es un proceso por el que un individuo reconoce como extraña una sustancia, que siendo inocua a la mayoría de la población, induce en éste una respuesta desproporcionada de su  sistema inmunológico, dando lugar a una serie de manifestaciones clínicas características de las enfermedades alérgicas.

Dentro de las múltiples sustancias que pueden ocasionar alergias, una de las más importantes es el polen. No es este un tema ni mucho menos baladí, ya que se estima en unos 2,5 millones el número de españoles que sufren alergias debidas al polen. El polen es la estructura donde se encuentran las células reproductoras masculinas de las plantas superiores. Se produce en el estambre de las flores y es liberado a la atmósfera para su propagación durante la floración de la planta.

La mayor o menor incidencia de este tipo de alergia guarda una relación directa con la cantidad de polen que hay en el ambiente en un determinado momento y en un determinado lugar, y dicha concentración depende de las condiciones meteorológicas que existan. Los parámetros meteorológicos que más influyen son en primer lugar la temperatura y la precipitación, ya que son dos parámetros ligados de forma directa con el florecimiento de las plantas, época que coincide con la emisión a la atmósfera del polen. Si bien es cierto que algunas especies florecen durante todo el año, la mayoría de ellas sufren su mayor actividad de floración durante la primavera, lo que explica que sea en esta época del año precisamente, en la que los alérgicos al polen, sea de un tipo de planta u otra, lo pasen peor.

Otro fenómeno que también influye en la concentración de polen en la atmósfera es el viento, que a fin de cuentas es el que actúa como difusor de estas partículas. Que sople por tanto viento del mar, de terral, puede suponer una gran diferencia en la concentración de polen existente en el aire. También es importante la existencia de altas o bajas presiones, al igual que sucede por ejemplo en el tema de la contaminación ambiental de las ciudades. En periodos de altas presiones, la subsidencia atmosférica provoca que el aire no se renueve, acumulando de esta forma cada vez mayor cantidad de polen en su seno. En cambio, cuando las bajas presiones dominan la atmósfera, son sinónimo de ascensos de aire, con lo que el aire se va renovando constantemente, evitando de esta forma que la concentración polínica se dispare.

Si ustedes son de ese grupo de la población, cada vez más numeroso por cierto, que sufre cuando llega la primavera y los niveles de polen se disparan en la atmósfera, pueden consultar páginas como la de la Red Española de Aerobiología con informaciones a nivel nacional, además de la información que ofrecen muchos ayuntamientos y Comunidades autónomas, a nivel más local, como por ejemplo la del ayuntamiento de Valencia, o la de la Comunidad de Madrid, por poner algunos ejemplos.