Las Provincias

El clima mediterráneo

Antonio Rivera - 20 Ene 2012 - 13:47

El mar mediterráneo ha jugado un papel decisivo en el desarrollo de la cultura occidental. De hecho, en sus orillas se gestaron las primeras grandes civilizaciones de nuestra historia. A día de hoy sigue siendo un lugar estratégico, cuyas aguas bañan tres continentes, y que sigue dotando a sus gentes un carácter muy especial. Seguro que han oído hablar en muchas ocasiones del carácter mediterráneo o de la dieta mediterránea. Una de las causas que explica todas estas características especiales mediterráneas es su clima, un clima que recibe de forma genérica el nombre de clima mediterráneo.

Dentro de los diferentes climas que conforman el mosaico climático de la Tierra, el clima mediterráneo lo podríamos calificar de extraño. Este adjetivo se debe por un lado a que es un clima poco extendido, que sólo se presenta en zonas muy determinadas del planeta. Aunque es evidente que en un principio sirve para designar el clima propio de la cuenca mediterránea, existen otros lugares en el mundo que tienen las mismas características climáticas y que por tanto se consideran que tienen clima mediterráneo. Estas zonas son: Chile central, la provincia sudafricana de El Cabo, zonas costeras del estado de California y el suroeste de Australia. Atendiendo a esta distribución, podemos generalizar diciendo que el dominio mediterráneo se localiza al oeste de los continentes, entre los paralelos 30º y 45º.

Por otro lado, posee una característica única que no se repite en ningún otro tipo de clima y es la sequedad del verano. En la mayoría de los climas, la época más lluviosa coincide con la más cálida, ya que por un lado el aire cálido es capaz de contener mayor humedad que el aire frío y por tanto mayor cantidad de agua precipitable; y por otro lado, el fuerte calor estival es capaz de poner en funcionamiento los ascensos de aire por convección, ya que el aire en contacto con la superficie recalentada, se calienta, disminuye su densidad y asciende.

El responsable de la sequedad veraniega mediterránea es la presencia de los denominados anticiclones subtropicales, que en esas épocas del año suben de latitud y se sitúan entre los paralelos 30 y 40. En nuestro caso es el famoso anticiclón de las Azores el que durante el verano abraza el conjunto de la península ibérica. Los anticiclones son zonas de subsidencia, zonas donde se producen descensos de aire desde la alta atmósfera hasta el suelo, con lo que quedan inhibidos los ascensos, y de esta forma la formación de nubes y la lluvia.

Esta ausencia de precipitaciones veraniegas tiene sus pros y sus contras, ya que por un lado es una de las causas de los incendios forestales, debido a la gran sequedad y las altas temperaturas estivales. Pero por contra también supone el factor determinante para el éxito de uno de los mayores potenciales económicos de nuestro clima, que no es otro que el turismo de “sol y playa”. Los pocos días de lluvia veraniega apenas estropean a los turistas las ansiadas horas de sol.

En otoño e invierno estos anticiclones bajan de latitud, retirándose hacia el ecuador, posibilitando de esta forma la entrada de las borrascas atlánticas. Otra característica importante de nuestro clima son las lluvias torrenciales otoñales que se producen al descolgarse aire frío del norte de Europa hacia bajas latitudes y al ponerse en contacto con las aguas cálidas del Mediterráneo.

Sin duda, en los climas mediterráneos españoles la precipitación es el elemento meteorológico principal, por las repercusiones socioeconómicas que su presencia, a veces súbita o desmesurada, o ausencia, a menudo prolongada, conlleva.

En cuanto a las temperaturas suelen haber mayores diferencias dependiendo de la continentalidad y altitud del lugar. A grandes rasgos hablamos de veranos cálidos, con temperaturas medias que superan los 20ºC pudiendo superarse incluso los 25ºC en algunos puntos.

Los inviernos en general suelen ser suaves, sobre todo en aquellas zonas cercanas a la costa, donde las temperaturas medias de los meses más fríos apenas bajan de los 10ºC. Mientras que en zonas más interiores y de mayor altitud, los inviernos son más rigurosos.

Todas estas características climáticas se ven reflejadas en la vegetación espontánea que conforma el paisaje, y que a fin de cuentas constituye la expresión plástica del clima. En la vegetación típicamente mediterránea, predominan los encinares y pinares con formaciones más o menos densas de matorral espinoso. Esta forma de las hojas es ideal para evitar las pérdidas por evaporación.

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